ACERCA DE ALGUNOS CONSEJOS FUNDAMENTALES PARA NO DESTRUIR  A UN PHOSPHÓRICO.

1-Hay que curar! ( Para esto hay que estudiar, comparar, vivenciar y cuestionar.)Ah, y cambiar!
En la práctica observo, a partir de lo diferentes homeópatas con que dialogué o me traté, que no diferencian carácter homeopático de síntomas mentales. Es a estos últimos a los que al menos dos escuelas  argentinas de homeopatía    les darían mayor importancia.
Para quien necesite o desee informarse de este tema, en este mismo sitio hay unos párrafos al respecto de un homeópata francés, el Dr. Jean-Pierre Willem(1).
Se aclara que dos remedios pueden compartir varios síntomas mentales de importancia, pero  lo que hace que para determinado paciente resulte positivo, o no, o hasta negativo el hecho de tomar un  determinado medicamento es (entre otras cosas) el grupo caracterológico de pertenencia.

2-Un médico homeópata dijo : -No doy más de un medicamento a la vez para evitar las incopatibilidades entre los mismos.
Se aclara que hay remedios que son incompatibles en tomas sucesivas. Es decir que no hace falta que se tomen en forma contemporánea  para  producir daños  que pueden ser permanentes. Ojo: no recetar causticum ni antes , ni después de phosphorus! Es increíble, pero resulta imprescindible que  lo recuerde cuando phosphorus es uno de los primeros remedios estudiados por Hahnemann.

3-Cómo se  enferma el phosphórico?
-Se desmineraliza.
Los nosodes son más peligrosos para el phosphórico porque la carencia de minerales hace que no se elaboren las enzimas pertinentes. Y no sólo un nosode,  sino cualquier medicamento no administrado  con sumo conocimiento y precaución puede comportarse en él como un tóxico.

4- Cuáles son los medicamentos más peligrosos?

Hay una lista muy completa en internet de las plantas tóxicas y venenosas, muchas de ellas son comunes en los tratamientos homeopáticos. De todas maneras  cualquier medicamento, o cualquier práctica terapéutica puede curar o enfermar.
 Además, existen medicamentos homeopáticos  que impiden la acción del phosphorus al bloquear la asimilación de algún o de algunos minerales. El llamado kalmia, por ejemplo, bloquea la acción del calcio en el cuerpo y por lo tanto dificulta su acción terpéutica. Cabe aclarar que el fósforo en su estado natural nunca se encuentra sólo, sino en combinación con otros elementos.

5- Al  respecto de lo “obvio”
Los homeópatas  de la Argentina dicen basarse en el Repertorio de Kent, sin entrar en detalles al respecto. El caso es que en la Biblioteca del Congreso de la Nación hay un libro (que no es el repertorio) en el cual Kent expresa su arrepentimiento por haber recetado sulphur y phosphorus a la potencia 10.000.
(Esto lo destaco porque aún los siguen recetando a la potencia mencionada.)

 6-La dosis mínima

 Al phósphorico cualquier potencia de cualquier remedio y con la mínima cantidad de  sustancia posible puede provocarle reacción. Para qué recetarle remedios de ataque que puedan resultarle violentos, por ejemplo un “papel”, si es casi seguro que igualmente va a reaccionar al mismo  aunque tome  un microglóbulo.

7-La potencia
 Hasta el momento no hallé bibliografía, ni médico homeópata que puedan manifestar  una aproximación razonable al hecho científico de la determinación de la potencia. Para qué indicarle, entonces, al phosphórico  el medicamento en altas diluciones, si las potencias medias son más fáciles de tolerar? No hay que olvidar que este tipo de individuo, también por su tendencia a la desmineralización, suele hacer reacciones catastróficas.

 Conclusión: 
                          Si una persona le dijese que es un phosphórico que pasó por alguna, varias o todas o aún más de estas vicisitudes, que le permitieron volcar la experiencia. Le creería?
Ocurre que, lo más probable es que ella  no estaría en condiciones de expresarse con suficiente lucidez, o simplemente  ya no existiría.
Bueno……….a veces  queda alguien, pero (casi) de puro phosphórico nomás.

Nota : agradezco a quienes corresponde :      RICARDO MASCARO

 Fuente citada: (1) - ¿Qué es la Homeopatía”,  Autor : Dr. Jean-Pierre Willem ,
Editorial Lidiun., Buenos Aires.